Por Capitana on Viernes, 30 Agosto 2024
Categoría: Noticias

La violencia paró la pelota, ponerla en movimiento será un compromiso de todos

       Parar la pelota, porque el fútbol es el deporte más popular de la Argentina, y como casi todo lo nuestro, está salpicado también de la picardía criolla, de esa "viveza", que caracteriza a los argentinos, acá y en cualquier lugar del mundo. Ése aporte, que para algunos forma parte de la idiosincrasia de nuestro pueblo, termina perjudicando a la práctica deportiva del fútbol.

       Parar la pelota y reflexionar, porque en ese afán de disfrutar de una competencia deportiva hermosa, se cometen errores, muchos de ellos a conciencia, que no los hace tan "errores". Protagonistas de este maravilloso deporte tratan de sacar ventajas todas las veces que se pueda. No se dan cuenta las más de las veces, que están formando también y esos gestos y actitudes, son replicados adentro de la cancha por sus dirigidos/as.

      "Yo pido por si me dan, ya sé que es para el otro lado", se suele escuchar decir a un técnico, tratando de sacar ventajas de un lateral, dirigiéndose al árbitro del partido. Sus dirigidos/as entienden que el árbitro está cobrando perjudicándolas. Eso no sirve, porque mal predispone a quienes son los/as actores principales del juego.

        Parar la pelota, hacer una pausa, porque muchas veces, cuando ven jueces jóvenes, ya sea en las bandas o como árbitro principal, cuestionan a gritos las decisiones arbitrales con el único fin de sembrar la duda en la persona que dirige; con el único fin, de sacar ventajas. De esta manera se van alterando los ánimos del partido, porque quien está en el otro banco, quien en suerte es rival del encuentro, se da cuenta de la intención del colega y comienza a manifestarse a los gritos sobre esa situación, afectando decididamente el normal desarrollo del partido. De esta manera complican el desempeño arbitral. Como toda persona que recién comienza a desarrollar una profesión, aumenta sus nervios y puede afectar negativamente sus decisiones.

       Parar la pelota y entender que los árbitros son personas y se pueden equivocar. No son dioses infalibles; más aún, cuando están haciendo sus primeros pasos en la profesión. De igual modo se equivocan entrenadores y jugadores/as. Pero nadie está para descalificar ese mal desempeño de manera agresiva, sino muy por el contrario. Hay que acompañar ese proceso de crecimiento con el respeto que esas personas se merecen.

       Parar la pelota y pensar si un formador/a le gritaría o insultaría a una de sus dirigidas luego de ver que cometió un error, con una escalada de violencia en la medida que reincide en el error. Bueno, creo que debemos acompañar también el desarrollo profesional de aquellos árbitros que dirigen, al menos con el respeto que se merecen. Es cierto que cobran un dinero por su trabajo, y debe ser así, pero eso no da derecho a la agresión o a la descalificación. Creo que hay que empezar a atemperar los ánimos, porque todo, es un caldo de cultivo para que personalidades violentas, reaccionen como lo hizo un integrante del cuerpo técnico de Espigas, el último fin de semana.

        Parar la pelota y entender que los rivales en el deporte son quienes nos permiten crecer, son quienes nos permiten superarnos. Y cuanto más difícil sea el rival mejor, porque se nos presentan como desafíos. Esos rivales son los que nos obligan a exigirnos, circunstancia que nos ayuda a superarnos a nosotros mismos. Entender que quien se para enfrente no es nuestro enemigo, sino alguien con nuestros mismos sueños, que nos brinda la posibilidad de avanzar, de ser cada día mejores en el deporte que decidimos practicar. Una práctica que me tiene que hacer cada día no sólo mejor deportista, sino también, mejor persona.

         Desde la Asociación de árbitros también se deben tener en cuenta algunos aspectos, antes de hacer la lista con las designaciones. Cuando un árbitro/a finalizó el curso y debe comenzar a trabajar, debe hacerlo desde los laterales y acompañados siempre de un árbitro/a principal de experiencia. No se le puede dar para dirigir partidos en instancias finales de un torneo, aun cuando se trate de categorías formativas. No hay que exponer a los árbitros, sino que hay que darles un tiempo hasta que vayan tomando confianza en el desempeño de la profesión.

       Es cierto que, en algún momento, quienes dirigen deben asumir responsabilidades más grandes, pero que sea un proceso paulatino, de a poco. Creo que la formación no termina una vez finalizado el curso, sino que continúa en cada uno de los partidos que le toque dirigir. Y ese proceso de aprendizaje debe ser observado, para que sea realmente otra instancia de aprendizaje. La presencia del veedor, es de mucha importancia, porque es quien de manera privada le puede hacer observaciones que deriven en un aprendizaje significativo.

         Parar la pelota y entender que la "viveza" tiene que estar en no perjudicar más a ningún actor social afectado a la actividad, no perjudicar más al fútbol, no perjudicar más al deporte. "La pelota no se mancha", soltó el más grande de todos los tiempos alguna vez, y vaya si tenía razón. Cuántas lecturas podemos hacer de esa expresión.

          Parar la pelota, para reflexionar y repensar la responsabilidad que le compete a cada actor social de este maravilloso deporte, para impedir que la violencia atente nuevamente contra la continuidad del juego, para que la pelota siga rodando, para que este hermoso deporte siga siendo una pasión de multitudes.

           Parar la pelota para que los dirigentes de las instituciones deportivas piensen en qué les ofrecen a todas aquellas personas que los han elegido, para defender los colores del Club. De qué forma, con qué estrategias, los hacen sentir parte de la historia de la institución de manera que se identifiquen con esos colores y valores del club.

         Parar la pelota para cuidarla, para que más personas sigan siendo convocadas por el deporte en sus distintas disciplinas, porque es salud, porque es pasión, porque es vida.
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